Durante la semana que pasó se mostraron las formas en que se van a dar las negociaciones en el Congreso. En efecto, a propósito de las iniciativas preferentes enviadas por el Presidente Calderón (la laboral y la de contabilidad gubernamental), la construcción del acuerdo entre tres partidos permitió que ambas de aprobaran sin mayores contratiempos. Para claridad de los lectores, me permito comentar que la reciente reforma a la Constitución le otorga al Presidente de la República la facultad de enviar al Congreso dos iniciativas (que se denominan “preferentes”) a fin de que este las apruebe o no en un plazo no mayor a 60 días. Es decir, el Constituyente obliga a los legisladores se pronuncien de manera obligada sobre las prioridades del gobierno.
En este marco el Presidente Calderón presentó a la consideración de la Cámara de Diputados reformas y adiciones a la Ley Federal del Trabajo y a la de Senadores, adiciones y reformas a la Ley General de Contabilidad Gubernamental. Lo que destaca es el hecho que a pesar de las protestas de la “izquierda” la ley laboral fue aprobada y los legisladores ajustaron el proyecto del Ejecutivo. La forma de la negociación fue simplemente notable: la mayoría PRI-PAN-Verde-Panal se conformó y todo apunta a que se mantendrá más o menos estable. Parece de Perogrullo pero al fin la política, como arte del acuerdo, se hizo presente para desatorar uno de los temas más importantes para flexibilizar el mercado laboral. Quedaron pendientes pero el avance es notable.
En el Senado a pesar del intento de posponer el dictamen de la iniciativa de reforma a la Ley General de Contabilidad Gubernamental, esta se voto sin mayores problemas. En mi particular punto de vista la ley como quedará, implica un sesgo centralista que confirma la tendencia del Congreso en los últimos tres lustros. Los legisladores castigaron una vez al federalismo en aras de atar de manos a los gobiernos locales dejando a sus Congresos solo como oficinas de trámite.
No obstante lo anterior, lo sucedido en el Congreso permite ser optimistas sobre la posibilidad de construir acuerdos para sacar adelante iniciativas que le sirvan a México. A partir del primero de diciembre, el nuevo gobierno enfrentará una complicada agenda que sin la cooperación y compromiso del Congreso será difícil instrumentarla a cabalidad. Por ello, lo sucedido en la semana que recién termina da luz sobre la posibilidad real de pensar en cambios de fondo, como una reforma radical al gasto público y a la forma en que se rinden cuentas, lo que va de la mano de una reforma hacendaria que beneficie a la gente. La nueva legislatura dio muestras de que sí se puede construir el acuerdo en lo fundamental. Los histriones de la autodenominada izquierda fueron rebasados por una correcta operación política. Las tomas de tribuna ya no espantan a nadie, o se suben a la nave de la negociación y de la política o se quedarán solos gritando en el desierto.